viernes, 5 de octubre de 2012
Quemar los derechos civiles para salvar a Rajoy
miércoles, 18 de enero de 2012
Ley SOPA
martes, 21 de junio de 2011
miércoles, 17 de noviembre de 2010
PSOE defiende la venta de armas a Marruecos
El portavoz de Defensa del Grupo Socialista en el Congreso, Jesús Cuadrado, ha defendido la venta de armamento a Marruecos y ha arremetido contra el diputado de IU, Gaspar Llamazares, por sus críticas a este comercio, asegurando que si el Reino alauí careciera de capacidades militares sería "un desastre para las necesidades de seguridad" de España.
Cuadrado ha respondido así en el Pleno del Congreso al parlamentario de IU, quien, después de que la ministra de Defensa, Carme Chacón, explicase los presupuestos de 2011 para su departamento, ha utilizado su turno de palabra para denunciar que en 2009 las exportaciones de armas autorizadas a Marruecos alcanzaron los 50 millones de euros. "Con la que está cayendo", ha añadido, aunque sin referirse en concreto a los incidentes del Sáhara Occidental.
Llamazares ha insistido en que las exportaciones de material de Defensa en los últimos tres años a Marruecos han supuesto 340 millones de euros y ha recordado que la legislación española establece que no se deben exportar armas a países "en conflicto o en dificultades con la violación de los Derechos Humanos". "Si Marruecos no es de estos países, no sé cuál será el país a que no tendremos que vender armas en el futuro", ha remachado.
Estas palabras han sido consideradas "muy graves" por el portavoz socialista, quien ha reprochado a Llamazares que haya recurrido a "un discurso de política inmediata, del día a día" para hacer "una reflexión en materia de seguridad" que es "muy seria y muy grave".
En concreto, Cuadrado ha defendido que, dado que "uno de los mayores riesgos a la seguridad futura de España se ubica como dicen todos los estudios de seguridad estratégica, en el norte de Africa", no se puede defender que los países de esta región estén "desarmados".
"¿Propone que Marruecos, Argelia, Túne, Egipto, sean Estados sin capacidades militares? ¿Se lo dice usted eso a los españoles?", ha preguntado el diputado socialista, quien ha asegurado que desea la "máxima democracia" en estos países, pero no "Estados desarmados", porque "eso es un desastre para las necesidades de seguridad de nuestro país".
A juicio de Cuadrado, que uno "desee" que un Estado tenga "el máximo de democracia y de derechos humanos", no quiere decir que ese país "no tenga necesidad de una estructura de carácter defensivo". "Eso es vital para ellos y para nosotros", ha insistido.
"EL MINISTERIO NO VENDE ARMAS"
La ministra de Defensa ha entrado en el debate haciendo uso del turno de réplica para aclarar que en los presupuestos de su Departamento "ninguna partida de ingresos tiene que ver con la venta de armamento". "Que quede claro que el Ministerio de Defensa no vende armamento", ha recalcado.
Además, ha aprovechado para felicitar a la Cámara porque España cuenta con "una de las leyes más transparentes y más garantistas" del mundo "en relación con el comercio de armas". Cuadrado también ha incidido en este asunto, asegurando al diputado de IU que "no hay ninguna empresa en el mundo que tenga que pasar más controles, más filtros que las que se pasa en España".
Sin embargo, estas consideraciones no han contentado a Llamazares, quien ha vuelto a tomar la palabra para expresar sus "dudas razonables" respecto a que el futuro de la seguridad de España "pase por la seguridad de una dictadura". "Estoy convencido de que la democracia y la seguridad tienen que ir juntas y que la democracia de los intereses tiene que ir unida a la diplomacia de valores", ha remachado.
Artículo Europa Press
viernes, 12 de noviembre de 2010
"Creo que podemos volver a lo que el comunismo quería decir no sólo para Marx sino para muchos revolucionarios del siglo XIX"

La figura esbelta, la firmeza juvenil de la voz y el apretón de manos sólido -poco común en Francia- introducen al personaje real de Alain Badiou. Este filósofo original es el pensador francés más conocido fuera de las fronteras de su país. Su obra, extensa y sin concesiones, abarca una crítica férrea a lo que Alain Badiou llama “el materialismo democrático”, es decir, un sistema humano donde todo tiene un valor mercantil. Badiou no ha renunciado nunca a defender un concepto al que muchos creen quemado por la historia: el comunismo.
En su pluma, Badiou habla más bien de “la idea comunista” o de la “hipótesis comunista” antes que del sistema comunista en sí. Según el filósofo francés, todo lo que estaba en la idea comunista, su visión igualitaria del ser humano y de la sociedad, merece ser rescatado. La idea comunista “aún está, históricamente, en sus inicios”, dice Badiou.
El horizonte de su filosofía es polifónico: sus componentes no son la exposición de un sistema cerrado sino un sistema metafísico exigente que incluye las teorías matemáticas modernas -Gödel- y cuatro dimensiones de la existencia: el amor, el arte, la política y la ciencia. Pensador crítico de la modernidad numérica, Badiou ha definido los procesos políticos actuales como una “guerra de las democracias contra los pobres”. El filósofo francés es un excelso teórico de los procesos de ruptura y no un mero panfletista. Badiou convoca con método a repensar el mundo, a redefinir el papel del Estado, traza los límites de la “perfección democrática”, reinterpreta la idea de República, reactualiza las formas posibles y no aceptadas de oposición y pone en el centro de la evolución social la relegitimización de las luchas sociales.
Alain Badiou propone un principio de acción sin el cual, sugiere, ninguna vida tiene sentido: la idea. Sin ella toda existencia es vacío. A sus más de 70 años, Badiou introdujo en su reflexión el tema del amor en un libro brillante y conmovedor que acaba de salir en Francia y en el cual el autor de El ser y el acontecimiento define al amor como una categoría de la verdad y al sentimiento amoroso como el pacto más elevado que los individuos puedan plasmar para vivir.
La “idea” y el “materialismo democrático”-
-Usted defiende un principio básico de nuestra inscripción en la existencia, del cual se desprenden también nuestros compromisos políticos: una vida sin ideas no es una vida.
La verdadera pregunta de la filosofía consiste en saber qué es una vida verdadera, qué es vivir, qué es el destino. Pero la filosofía debe aportar respuestas mínimas a estas preguntas. Mi respuesta, que es a la vez una hipótesis y una conclusión, es que la verdadera vida es una vía que acepta estar bajo el signo de la idea. Dicho de otra manera, una vida que acepta ser otra cosa que una vida animal. En todas las situaciones siempre persiste la voluntad de querer algo y esa voluntad sólo tiene sentido en relación con una voluntad de transformación.
-¿Cómo se inscribe esa idea de la idea en plena dictadura de lo que usted llama “el materialismo democrático”? En suma, ¿cómo existir, con qué idea, en un mundo donde todo tiene forma de producto?
Ese es el principal problema de la vida contemporánea. Se ha establecido un régimen de existencia en el cual todo debe ser transformado en producto, en mercadería, incluidos los textos, las ideas, los pensamientos. Marx lo había anticipado muy bien: todo es medible según su valor monetario. ¿Qué es entonces una vida bajo el signo de la idea en un mundo como éste? Hace falta una distancia con la circulación general. Pero esa distancia no puede ser creada sólo con la voluntad, hace falta que algo nos ocurra, un acontecimiento que nos lleve a tomar posición frente a lo que pasó. Puede ser un amor, un levantamiento político, una decepción, en fin, muchas cosas. Allí se pone en juego la voluntad para crear un mundo nuevo que no estará a la orden del mundo tal como es, con su ley de circulación mercantil, sino por un elemento nuevo de mi experiencia.
La “idea comunista”
-Usted es uno de los pocos pensadores que aún defienden eso que usted llama “la idea comunista”. Usted pone al comunismo como una ilusión actual.
Sé muy bien que algunas empresas que se reivindicaron comunistas fracasaron porque no lograron crear el mundo nuevo que pretendían y terminaron provocando daños considerables y situaciones terribles. Tenemos dos opciones: o decimos que esa hipótesis comunista de un mundo que no estaría regulado por la mercadería, el producto, no puede ser realizada, entonces nos resignamos al mundo tal como es; o mantenemos la hipótesis comunista. Si la mantenemos también hay que conservar la palabra. Si de la experiencia histórica sacamos la conclusión de que hay que abandonar la palabra, eso sería un retroceso no necesario. Podemos hacer nuestro propio balance de lo que ocurrió en el siglo XX a partir de la posibilidad de redefinir qué es el comunismo como porvenir posible. Esa es mi elección. Sé que se trata de un trabajo largo, que requiere mucha reflexión y que será más mundial que antes. La primera batalla consiste en mantener la fuerza y el significado de esa palabra.
-¿Qué se puede recuperar, qué se puede volver a leer, de lo que fue con todo un naufragio real en la práctica del comunismo? ¿Qué mensaje hay aún en la idea comunista?
Creo que podemos volver a lo que el comunismo quería decir no sólo para Marx sino para muchos revolucionarios del siglo XIX. Para ellos, el comunismo tenía un sentido común que era la idea de una sociedad extraída del principio del interés, es decir, una sociedad que no está gobernada por el hecho de que un hombre persigue su interés sino por la idea de la asociación de los hombres. Es esa asociación la que define los proyectos o las metas colectivas. En el siglo XX esa idea se convirtió en la de un Estado todopoderoso que resuelve todos los problemas planteados a la sociedad. Entre la definición del siglo XIX y la del XX hay una enorme distancia.
-¿Qué ocurrió entre las dos?
La obsesión del poder. Las organizaciones obreras, militantes, revolucionarias, que habían sido aplastadas varias veces en el siglo XIX, se obsesionaron con la idea del poder y la pregunta “¿cómo vencer?”. Hubo dos alternativas a esa convicción: están los que se unieron a la democracia parlamentaria ordinaria con la idea de vencer haciéndose elegir. Pero claro, fueron electos y no cambiaron nada, el mundo siguió siendo el mismo. Del otro lado, están quienes se lanzaron en la organización de la sublevación armada. Pero, lamentablemente, lo hicieron mediante la militarización violenta de la acción política que desembocó en Estados militarizados que resolvían los problemas con la violencia. Hemos llegado de alguna manera a un final porque ni la hipótesis de la vía pacífica y electoral, ni la hipótesis de un aparato estrictamente militar encargado de resolver los problemas políticos condujeron al comunismo según el sentido original del término. Y el problema de la acción política actual es totalmente oscuro. Asistimos a una mundialización capitalista sin freno y, en ella, las fuerzas políticas dan muestras de más debilidad que de fuerza.
La impunidad y la violencia
-Sea cual fuere la situación mundial en la que nos encontremos, en Africa, en Medio Oriente, en Asia, en América latina o en las democracias occidentales, nos enfrentamos a la misma indolencia, al mismo salvajismo, a la misma impunidad, a la misma asimetría por parte de los poderes, la misma violencia.
Estoy profundamente convencido de que la forma en que la sociedad está organizada a escala planetaria alienta y crea llamados a la violencia. La razón principal radica en que, para el sistema, la realidad humana es la competencia. La idea de Hobbes según la cual el hombre es un lobo para el hombre constituye la convicción profunda de nuestra sociedad. Por esa razón genera violencia constante: la sociedad da el derecho general para que, en su propio interés, se pisotee a los demás. La prensa más ordinaria hace el elogio de esa violencia. Los diarios hablan de cómo tal banco aplastó al otro, de cómo la gente fue expulsada, etc., etc. Eso, dicen, es la vida, la competencia. Pero hay que pagar el precio. Mientras no enunciemos que las sociedades deben construirse en base a la asociación y no a la competencia permaneceremos en el elemento primordial de la violencia. No digo que la violencia va a desaparecer. La sociedad alienta sistemáticamente la violencia y luego se ve obligada a combatirla con una represión terrible. Como la violencia está constantemente incitada, hace falta un aparato policial para controlarla. El resultado es que terminamos agregándole a la violencia social la violencia del Estado. Debemos cambiar los pilares de la existencia colectiva. Pero el ser humano es capaz de otra cosa que toda esa violencia: es capaz de entrega, de amor. Tiene una doble capacidad. Puede ser un animal de competencia pero también un animal altruista, interesado en la acción colectiva, capaz de encarnar ideales, puede ser un enamorado o un científico desinteresado. Saber qué aspecto del ser humano alentamos es una decisión fundamental.
-En el seno de los sistemas políticos occidentales hay algo que se degradó profundamente en el último cuarto de siglo. Esa evolución drástica está perfectamente retratada en dos libros suyos: El Primer Manifiesto por la filosofía, de los años ‘80, y el Segundo Manifiesto, publicado el año pasado.
El Primer Manifiesto recoge las últimas esperanzas del mundo de antes. Pero en los últimos veinte años hubo cosas esenciales que cambiaron, entre ellas, la hegemonía del capitalismo liberal competitivo y violento. Intervino también otra cosa: una suerte de clara complicidad con ese sistema por parte de los intelectuales, incluidos los franceses. Ha sido una forma de decir que no se puede hacer ni esperar otra cosa, que el mundo natural es así. Esto se aceleró con la desaparición de la Unión Soviética y de los Estados Socialistas. En mi opinión éstos ya se habían muerto desde hacía mucho. Su experiencia ya no tenía más fuerza, ya no proponía nada nuevo a la humanidad. Lo cierto es que la desaparición completa de todo eso fue vivida por el capitalismo liberal como una victoria que le abría el espacio del mundo entero para desplegarse. Las formas de violencia y de complicidad intelectual con esa violencia se desarrollaron mucho. Creo que esto se inició a finales de los años ‘70. La nueva figura fundamental es que la opinión, en vez de estar drásticamente dividida, es masivamente consensual. Este resultado cambia el horizonte, la perspectiva, de un filósofo. El filósofo es aquel que siempre lucha contra las opiniones dominantes, es decir, las opiniones del poder. Hoy el combate es mucho más complejo y singular que el de los años ‘60. En esos años los filósofos críticos y comprometidos políticamente dominaban el escenario intelectual. Eso se dio vuelta. Hoy son los perros guardianes de quienes mandan. Hemos estado, con los años Bush, en una combinación extraordinaria de violencia y de mentiras. En el fondo, los occidentales, la población incluida, fueron culpables porque aceptaron todo eso. Hay que salir de todo esto. La humanidad no podrá continuar en este camino, si no irá hacia su eliminación. Se trata de reconstruir una visión del mundo y de la acción alejada de este horror.
Eduardo Febbro (fragmento de la entrevista extraído de LaRepública.es)
viernes, 10 de septiembre de 2010
Sobran razones para la Huelga General
"A la calle, compañeros y compañeras, camaradas, a la calle que ya es hora".
Cayo Lara
Enlace para ver el articulo
martes, 17 de agosto de 2010
Recuperación postergada
El Banco de España acaba de hacer pública su estimación del crecimiento del PIB para el 2º trimentre del año (la estimación definitiva y detallada la realiza el INE). A pesar del intento de proyectar una imagen positiva, los datos que se ofrecen son francamente desalentadores y aumentan los indicios de que la recuperación de la actividad económica y el empleo tardará aún en llegar.
Según las informaciones del Banco de España, en el 2º trimestre de 2010 el PIB ha crecido un +0´2% en términos intertrimestrales, y un –0´2% en términos interanuales. Aunque para los profanos estos datos resulten contradictorios, en realidad son sencillos de interpretar: hemos generado más riqueza que en el primer trimestre del año (+0´2%) pero aún seguimos generando menos riqueza que hace un año (- 0´2%); la economía española se está recuperando pero aún estamos por debajo de los niveles de creación de riqueza de hace un año. Utilizando un símil médico la economía española es un enfermo que tiene menos fiebre que en enero, pero aún tiene fiebre. Y mucha.
¿Qué tiene de malo este dato?
Como es sabido, el 1 de julio entraba en vigor la subida del IVA. Dicha subida, conocida con suficiente antelación, encarecerá el consumo a partir de dicha fecha. Se esperaba que esta medida provocase un adelanto en la decisión de gasto de los consumidores (comprar hoy más viviendas, más automóviles, más de todo… antes de que todo fuera más caro). Ese impulso del consumo en el 2º trimestre podría haber provocado un despegue de la economía que podría haberse retroalimentado: las empresas contratarían más gente para atender esos pedidos, esos nuevos trabajadores impulsarían el consumo, el PIB crecería… Es como cuando un automóvil tiene problemas de arranque y un puñado de individuos se disponen a empujarlo, concentrando mucho esfuerzo en una pequeña carrera, esperando que una vez arrancado el coche continúe la marcha con el esfuerzo de su propio motor. Si el coche arranca, magnífico; si no arranca, tendremos un vehículo parado y un puñado de individuos exhaustos por el esfuerzo… y esto último es precisamente lo que ha sucedido.
Probablemente las familias han adelantado sus decisiones de gasto para anticiparse (escapar) a la subida del IVA pero, a pesar del ello, el PIB sólo ha crecido un 0´2%. El problema es que las familias tienen poca renta para gastar, poco gasto que anticipar. Las pocas familias con ahorros o con acceso al crédito han gastado mucho, pero para la mayoría esa operación ha sido imposible. Las familias españolas están altamente endeudadas y la renta que van obteniendo es para amortizar préstamos del pasado (sobre todo hipotecarios). Además, según la “Encuesta de Préstamos Bancarios”, elaborada por el Banco Central Europeo, en lo que va de año los bancos españoles, en una muestra más de esa generosidad e interés por el bien público que históricamente les ha caracterizado, han endurecido las condiciones crediticias (avales, plazos, etc…), dificultando el acceso de familias y empresas al crédito. De hecho, el crédito está creciendo a una ridícula tasa del 0´1% frente al 15% - 20% de los años del boom inmobiliario. Sin crédito no habrá recuperación económica, es imposible, porque los bienes duraderos (vivienda, automóviles, electrodomésticos…) se compran a crédito, y porque sin crédito las relaciones comerciales entre empresas se complican: el dinero líquido es el mejor sustituto de la confianza (que últimamente anda muy escasa) y sin liquidez las relaciones comerciales se oxidan como un motor sin aceite.
Haber crecido solamente un 0´2% es un pésimo dato.
En primer lugar porque para crear empleo debemos crecer aproximadamente un 0´75% trimestral. Estamos muy lejos aún de ese registro. Sin creación de empleo la tan cacareada confianza de los mercados (financieros y no financieros) no se restaurará: las sucesivas contrarreformas gubernamentales sólo lograrán mejorías transitorias, efímeras como el aplauso de la claque financiera… que aplaude mientras se le paga. Los recortes sociales, los recortes presupuestarios, los recortes de derechos a los trabajadores no nos devolverán a la normalidad: la claque financiera abandonará al Sr Zapatero a su suerte una vez que éste les haya hecho el trabajo sucio. En segundo lugar porque el consumo adelantado del 2º trimestre supone, correlativamente, menor consumo en lo que queda de año: el derrumbe del mercado automovilístico, de la vivienda y de otros bienes duraderos es inminente salvo que se produzca algún shock positivo (recuperación de la demanda mundial, caída de los precios del petróleo…). Necesitaríamos un gran impulso de la demanda: las empresas tienen grandes stocks de producto acumulado así que la débil demanda de los consumidores puede atenderse sin necesidad de fabricar más, basta tirar de inventario. Volviendo al símil anterior, las familias son esos ciudadanos exhaustos después de empujar a un auto que no ha arrancado: han gastado renta “de más” y, en lo que resta de año, tendrán que ajustarse el cinturón, tendrán que gastar “de menos”.
A todo esto hay que añadir la renuncia del Estado a actuar como agente que combate la crisis. El Sr. Zapatero y sus comanditarios europeos se han empeñado en pisotear el legado de Keynes y se han dedicado a ello con ahínco. Las medidas del Gobierno deprimirán, y mucho, la demanda agregada y con ello el PIB y el empleo.
Toda esta situación es especialmente desalentadora para los parados: los últimos datos publicados muestran señales claras de degradación del mercadote trabajo y de las condiciones de protección social.
De una parte, el porcentaje de desempleados de larga duración (aquellos que llevan más de 2 años en situación de desempleo) ha llegado a cotas históricamente altas: 42 de cada 100 desempleados están en esta situación. Al alargarse el tiempo de desempleo se producen dos efectos perversos: se reduce la probabilidad de encontrar empleo (porque se pierden habilidades, porque se proyecta involuntariamente una imagen de desinterés por el trabajo, porque el propio trabajador pierde motivación…) y porque se consumen las prestaciones contributivas de desempleo y se experimenta una drástica pérdida de ingresos. Hace dos años los desempleados que cobraban prestaciones contributivas eran el doble de los que cobraban prestaciones asistenciales. Hoy estos últimos superan ya a los primeros. Incluso ha empezado a reducirse la cuantía que se paga a los nuevos desempleados contributivos.
La política social de ZP
viernes, 12 de febrero de 2010
Folleto contra el "Pensionazo"
El pasado 29 de enero el Consejo de Ministros que preside José Luis Rodríguez Zapatero aprobó una Declaración política que ha provocado un ambiente de inseguridad en los trabajadores de nuestro país.
Jubilarse más tarde y cobrar menos
El Gobierno quiere incrementar la edad de jubilación legalmente establecida "desde los 65 hasta los 67 años", a través de un proceso gradual y progresivo que comenzaría en el año 2013. Además, defiende la ampliación del período de cotización que se toma en consideración para calcular la base reguladora de la pensión de jubilación de 15 a 20 años en un primer momento, extendiéndose progresivamente hasta abarcar toda la vida laboral del trabajador. Todo ello, en un país con más de 4 millones de parados.
La posición de Izquierda Unida ante esta brutal agresión al futuro de nuestras pensiones es de frontal rechazo porque:
Es injustificable, ya que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social está por encima de los 62.000 millones de euros, el 6% del PIB, el mayor de la historia.
Crea alarma social, con un tema que había sido aparcado del debate político, con el compromiso de que se tratara en la Comisión del Pacto de Toledo previamente a lanzar cualquier propuesta y que nada tiene que ver con la realidad.
Supone una agresión a los trabajadores y especialmente a aquellos de menor cualificación y salario, porque es sobre quien se pretende que, una vez más, recaigan las consecuencias de una crisis que no han generado.
Es un claro recorte de los derechos sociales , ya que se cambian las reglas de juego y se pretenden pensiones todavíamás bajas que las que en estos momentos cobra la mayoría.
Supone un nuevo regalo a la banca, como lo explica el hecho de que esta misma semana, desde la OCDE y la patronal europea, se haya aplaudido la decisión y se haya insistido en que es necesario que los españoles dediquen más dinero a planes de pensiones privados.
Es un tapón para la incorporación de los jóvenes al mundo laboral: ¿Si se alarga en dos años la edad de jubilación cómo van a entrar al relevo en el puesto de trabajo los jóvenes, en una situación de crisis como la actual?
Supone un giro radical en la posición del Gobierno , que ·asume los postulados de la derecha, que, hasta ahora, había criticado.
Hace el trabajo sucio a la derecha política, que sin desgaste alguno ve cumplidas sus expectativas, y le allana el camino al gobierno.
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se suma a la avalancha liberal que tiene como objetivo alarmar a la población haciéndole creer que las pensiones no son viables. En defensa de sus posturas aducen el envejecimiento de la población, el incremento de la esperanza de vida y la "insostenibilidad" del sistema más allá del 2025 por el incremento del peso de las pensiones en el PIB nacional.
Frente a esta " justificación " , desde Izquierda Unida sostenemos que:
1. Hay que saber qué quiere decir esperanza de vida y cómo se calcula. Lo que ha estado ocurriendo en España (y en Europa) es que la mortalidad infantil ha ido disminuyendo de una manera muy marcada, con lo cual la esperanza de vida ha ido aumentando, pasando de 76 años a 80 años. Ello no quiere decir, como habitualmente se asume, que el ciudadano español medio viva cuatro años más ahora que hace veinticinco años. La mortalidad por cada grupo etario ha ido descendiendo (incluyendo entre los ancianos), pero los años de vida que el ciudadano medio vive ahora no es de cuatro años más que en 1980. Calcular las pensiones en base a esta lectura errónea de los datos penaliza a la población pues asume que la gente vive más años de lo que en realidad vive.
3. Sostener que el crecimiento del porcentaje del PIB gastado en pensiones (8,4% en el año 2007) hará inviable las mismas más allá del 2025 carece de base científica, ya que con este argumento se ignora el impacto del crecimiento de la productividad sobre el PIB del futuro. En este sentido, cabe recordar que ya hace cincuenta años, cuando España se gastaba un 3% del PIB en pensiones,había voces liberales que decían que en cincuenta años se doblaría o triplicaría tal porcentaje, arruinando el país. Puesbien, estamos cincuenta años más tarde, y el país tiene más recursos para los no pensionistas que existían entonces, aún cuando el porcentaje del PIB dedicado a pensiones se ha doblado.

